En los días que siguieron intentamos hacer un poco de turismo, conocer el país que vio a nacer a nuestra hija, aunque ya íbamos a su ritmo y había muchos días en los que simplemente paseábamos relajados, sin prisas. Al principio lloraba muchisimo y tampoco le queríamos pegar mucha paliza, aunque la tia lloraba nada más que pisaba el hotel. En la calle si no era por hambre casi no se la oía, dormía bastante.
Allí estuvimos con Rosanna, Gabi y Alba, y Beni, Victor y Carmen hasta
la hora de comer más o menos. Después los primeros nos llevaron a comer
al lado del hotel y comimos de maravilla acompañados de una Hanoi beer,
más bien calentona.
Estuvo bien el paseito, pero había una cosita más bonita que esta para su madre?. Mi angelito!!.
Al día siguiente, 26 de Marzo, nos mudábamos de hotel hasta el lunes, por hacer un favor al director del Hoa Bihn que tenia que acoger a un montón de huéspedes. Así que tocó hacer maletas. El Hotel Tirant estaba al lado del Hoa Bihn y mucho mejor, más moderno y con ordenador en la habitación.
Por la noche salimos a cenar a una pizzeria en frente del lago con varias familias. Si normalmente Hanoi era un caos de tráfico, un sábado por la noche era horroroso, con botellona y todo. Daba hasta miedo, al menos a mi.
En los días sucesivos visitamos el gran mercado, fuimos con Luisma de No vine de Paris y Carmen, y con nuestros paisanos Carmen y Giordano, y sus preciosos hijos, claro.
De ese paseito recuerdo haber vuelto "apestada" del todo con tanto humo de tubo de escape. Había que meterse por unas calles mas bien estrechas y llenas de gente, en la que se mezclaban esos malos humos con el olor de comidas varias. He de decir que gasté poco porque no me gustó náaaaaa de lo que allí se vendía, jajaj.
A pesar de todo, bien mereció la pena ver el genuino Hanoi. Dejo algunas imágenes pintorescas.
Siguiente visita fue al mausoleo de Ho-Chi-Minh con la puntería que ese día, lunes, estaba cerrado y no pudimos acceder a su interior. Me encantó el paseo hasta allí, largo, pero agradable porque pasamos a las anchas avenidas donde el claxon de las motos y los coches dejaban un poco paso a los semáforos para poner orden en la circulación. Creo que esa zona era el llamado barrio francés, nada que ver con el barrio antiguo. Parecía que estabas en otra ciudad. Allí estuvimos un montón de familias y por allí comimos. Yo con el atrevimiento de comer algo tipicamente vietnamita, me sirvieron algo super picante que no había quien se lo comiera, jajajaj.
A partir de ese momento me enseñaron de decir: "no chili, por favor" por donde quiera que fuera a comer, jajaja.
A partir de ese momento me enseñaron de decir: "no chili, por favor" por donde quiera que fuera a comer, jajaja.
Así íbamos pasando los días a su lado, conociendo la capital del país que la vio nacer y conociéndola a ella. Me recreaba viéndola como jugaba con sus manitas. Parecía que las había descubierto no hacia mucho por la gran atención que les dedicaba. Disfrutaba viendo su país, pero nada comparado a disfrutar viéndola cada día, conociéndola.
Hasta la próxima.
